Celebra Aristóteles Sandoval 100 años de El Informador



El reconocimiento

El Gobierno de Jalisco celebró el centenario del periódico tapatío El Informador, "un diario que ha evolucionado y que en su nombre lleva la credibilidad que genera confianza al pasar las generaciones (...) 100 años de escribir una parte de la historia del Estado de Jalisco", indicó Aristóteles Sandoval en una ceremonia pública realizada en Palacio de Gobierno el 3 de octubre de 2017.

“Estoy seguro que en el futuro estará preparado el diario para seguir siendo un diario independiente, de vanguardia, progresista, sobre todo que atiende y entiende a nuestra sociedad, porque es de nosotros, porque hay un gran sentido de pertenencia y cariño a El Informador por parte de nosotros, porque además es una empresa orgullosamente jalisciense que le ha dado oportunidades a miles de familias en nuestro estado”, expresó el Gobernador del Estado en compañía de la familia Álvarez del Castillo, funcionarios, amigos y sociedad civil.

Durante el El Informador; el papel del papel un siglo después
*Discurso del periodista Diego Petersen durante la ceremonia

Decía mi querido amigo y maestro Tomás Eloy Martínez que un diario que no tiene un proyecto de país y de ciudad es solo un periódico más, uno de esos que están destinados a aparecer y desaparecer, pero no a trascender. Un periódico, hoy como hace cien años, está hecho para informar, pero su misión última es transformar. Hoy no podemos entender a El Informador sin Guadalajara ni a Guadalajara sin El Informador. Nuestro diario encontró en esta ciudad no solo el medio ambiente idóneo para desarrollarse como un gran periódico y una gran empresa, sino su causa y su razón de ser.

No es fácil para una empresa, sea cual sea su giro, pero menos aún para un periódico, llegar a los cien años. Son muchos los obstáculos en el camino, no solo de índole político, también empresarial. Sobrevivir los vaivenes de la política es siempre complicado; adaptarse a las necesidades del mercado, adoptar los cambios tecnológicos, resistir las tentaciones y cantos de la moda, lo es mucho más. Porque un diario es tan libre como la empresa que le da sustento. Su independencia es directamente proporcional al número y calidad de sus anunciantes, sus colaboradores y, sobre todo, sus lectores.

Decía el fundador del diario Le Monde, Hubert Beuve-Merry, que en el periodismo la objetividad no existe, la honestidad sí. Honestidad frente a la información; honestidad frente a los lectores; honestidad frente a los anunciantes, honestidad sobre todo frente a la comunidad a la que nos debemos. Es esa honestidad básica la crea confianza, la que sella ese contrato, esa complicidad, entre el medio y sus lectores. Hoy se habla de crisis en los medios de comunicación, de falta de credibilidad, de caída en los índices de lectoría, de nuevas tecnologías que amenazan los modelos de negocio. Todo es cierto, pero la salida a esta coyuntura no está en la tecnología ni en los procesos, está en la credibilidad, en ser capaces de mantener la confianza de los lectores y conquistar la de los nuevos.

A Carlos Álvarez del Castillo le gusta decir que Steve Jobs se murió dejando la tarea a la mitad. Que nos cambió la vida, pero no terminó de construir los nuevos caminos por los que transitaría la información. Y es muy cierto: estamos en medio de un proceso que hoy por hoy nade sabe dónde desembocará. Me atrevería incluso a decir que ni siquiera sabemos si desembocará en algún lado o simplemente seguiremos navegando en la incertidumbre que provocan los cambios acelerados. Porque hoy el verbo es navegar. Navegar en la información, navegar en las tecnologías, navegar en un mundo líquido, ausente de fronteras y carente de referencias. En ese eterno navegar tener referencias claras, saber de dónde venimos y a dónde vamos hace la diferencia, y eso es lo que ofrece El Informador.

Todos requerimos que nos editen el mundo porque este es inasible, inalcanzable. La cantidad de información que hoy circula en un minuto es más de la que circulaba en un año hace apenas un siglo. Editar el mundo, separar el grano de la paja, entender qué es pertinente para nuestra ciudad para un momento específico, acercar el mundo a los Tapatíos, es una parte de nuestro trabajo.

El otro es hacer que Guadalajara que conecte consigo misma. Decía Juan Carlos Álvarez en su discurso por los cien años que El Informador es el espejo en que esta ciudad se ha reflejado cada mañana para responder a la pregunta básica: ¿Cómo amanecimos hoy? Pero además de ser el espejo de la ciudad El Informador, como todos esos grandes periódicos profundamente vinculados con su comunidad, es el gran constructor de puentes, el que comunica a los unos con los otros: une a los que piensan igual y conecta a los que piensan distinto.

Nadie ha logrado entrenar a su perro con un Ipad. El chiste circula en las redes sociales a manera a de epitafio para los diarios de papel. Y es cierto, las tabletas tampoco sirven para madurar aguacates ni limpiar vidrios. Las nuevas tecnologías no son una amenaza, la verdadera amenaza es no entenderlas y no reconocer cuál es el papel del papel en el concierto de la información. Nosotros entendemos que nuestro papel es la reflexión, la comprensión de los fenómenos y la conexión de las ideas; hacer del caos informativo un discurso significativo en la plataforma, tiempo y lugar que el lector lo necesite.

Por eso, cuando me preguntan qué va a pasar cuando se acabe el papel mi respuesta es simple: No lo sé. Lo que sí sé es que El Informador estará ahí para contarlo.

Publicado por: carlos.gonzalez
Fecha de actualización: 09 de Octubre de 2017 - 11:11 AM