Victoriano Salado Álvarez



 
Nació en Teocaltiche, Jalisco, el 30 de septiembre de 1867, y murió en la ciudad de México el 13 de octubre de 1831. En Guadalajara hizo sus estudios en leyes. Ejerció por algún tiempo la profesión y desempeñó los cargos de agente del Ministerio Público, de defensor y de juez, pero, como acontece a varios profesionistas, abandonó la abogacía para dedicarse a las letras, a la enseñanza, a la política y finalmente a la diplomacia. Las letras lo atrajeron primeramente a través del periodismo en su tierra natal, y luego en la capital de la República, a poco de haber llegado a ésta en una oposición para ocupar el puesto de profesor de la lengua castellana, cátedra que ganó con mucho brillo. Entre tanto, y puesto en contacto con aquel generoso editor que se llamó Santiago Ballescá, publicó sus dos novelas, históricas a la manera de Galdós: De Santa Anna a la Reforma La intervención y el imperio, cuando todavía su criterio de historiador no había acabado de ver la luz, hecho que se realizó después por completo y que le ha permitido hacer los más audaces, pero las más justas rectificaciones respecto de algunos de los personajes que se nos habían presentado antes, aun por él mismo, no ya como semidioses, sino como dioses verdaderos y completos. Salado Álvarez explicó en un artículo intitulado “Pro Domo” las causas que justamente modificaron su criterio. En el campo de la política fue secretario de gobierno del estado de Chihuahua, y diputado al Congreso de la Unión; y en el de la diplomacia secretario de embajada, subsecretario de Relaciones Exteriores y ministro de México en Guatemala primero y en el Brasil después y presidente de la delegación de México a la cuarta Conferencia Panamericana. Fue Salado Álvarez, sin disputa, uno de los más distinguidos escritores mexicanos de su época. (Semblanzas de académicos, de José Luis Martínez).
 
Fuente: Academia Mexicana de la Lengua / http://www.academia.org.mx

Publicado por: carlos.gonzalez
Fecha de actualización: 31 de Octubre de 2017 - 10:37 AM